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Alimentos transgénicos
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Su inocuidad no ha sido probada. Segün algunos estudios éstos causan daño a la salud y al medio ambiente. En la salud producen alergias, y resistencia a los antibióticos, como la penicilina. En el medio ambiente causan contaminación genética irreversible, eliminan variedades endémicas o silvestres. En lo cultural, atentan contra formas de cultivo milenarias. En lo comercial, generan dependencia de los agricultores de nuestros países hacia las transnacionales.
· Los transgénicos podrían provocar el surgimiento de super plagas.
· Los transgénicos pueden representar un aumento de riesgos para la salud de los consumidores. Los alimentos transgénicos que contienen genes que confieren resistencia a antibióticos pueden provocar la transferencia de esta característica hacia bacterias existentes en el organismo humano, causando una amenaza a la salud püblica.
· Alergias alimenticias pueden aparecer como consecuencia de la introducción de gen extraño en los alimentos a los que se les ha transferido nuevas proteínas, mientras que sustancias tóxicas existentes en cantidades inofensivas en los alimentos, pueden potenciar sus efectos. Otras sustancias benéficas, inclusive que protegen contra el cáncer, pueden ser disminuidas.
· Los transgénicos tienden a provocar la pérdida de diversidad genética en la agricultura. Las empresas multinacionales productoras de transgénicos necesitan de mercados inmensos, en escala global, para recuperar la inversión en la producción de cada variedad. Esto hace que unas pocas variedades transgénicas tiendan a substituir tanto las variedades mejoradas por procesos convencionales, como las variedades seleccionadas por los propios agricultores, llamadas locales o tradicionales.
· Los transgénicos pueden provocar contaminación genética. Está demostrada la posibilidad de transferencia espontánea a plantas silvestres de la misma familia, los genes introducidos en una variedad cultivada. Los genes con resistencia a herbicida, por ejemplo, pueden ser transferidos espontáneamente a plantas silvestres, con el riesgo de hacerlas super malezas dañinas de difícil control. Los "transgenes" también se transfieren a variedades tradicionales o convencionales de la misma especie en campos vecinos.
· Los impactos de los transgénicos en la naturaleza son irreversibles. Algunos de los efectos negativos y de los riesgos citados, ya ocurrían con la agricultura convencional, pero, a diferencia de esta ültima, no es posible restablecer los equilibrios ambientales en el caso de los transgénicos. Puede dejar de usarse un agro-tóxico, por ejemplo, y restablecer un equilibrio entre insectos y plaga y sus predadores después de cierto tiempo. En el caso de los transgénicos, una vez liberados en la naturaleza no es posible deshacer los impactos en los ecosistemas o controlar los procesos de transgénesis espontánea que pueden ocurrir, porque es imposible retirar de la naturaleza los genes que fueron artificialmente introducidos en una planta.
Nadie quiere asumir la responsabilidad por los riesgos de los transgénicps. Las multinacionales afirman que no hay riesgos, pero se resisten a asumir la responsabilidad por los eventuales efectos negativos.
Ya las compañías estadounidenses de seguros no ofrecen cobertura de responsabilidades por daños ambientales catastróficos en el medio y largo plazo.
Por Carolina Bousac
Reproducción autorizada solo mencionando como fuente EcoPortal.net y con enlace en caso de ser publicado en Internet:
No es verdad que...
En esta página puede encontrarse a continuación una pequeña revisión desde un punto de vista científico. Puesto que puede resultar un poco árida para personas sin conocimientos de bioquímica, he preparado también una serie de "preguntas frecuentes" y respuestas (FAQ), un sistema clásico en Internet.
Por supuesto, estaré encantado de recibir comentarios, nuevas preguntas para contestar, ampliaciones de datos, etc.
Sin embargo, la era de los denominados “alimentos transgénicos" para el consumo humano directo se abrió el 18 de mayo de 1994, cuando la Food and Drug Administration de Estados Unidos autorizó la comercialización del primer alimento con un gen "extraño", el tomate "Flavr-Savr", obtenido por la empresa Calgene. A partir de este momento, se han obtenido cerca del centenar de vegetales con genes ajenos insertados, que se encuentran en distintas etapas de su comercialización, desde los que representan ya un porcentaje importante de la producción total en algunos países hasta los que están pendientes de autorización.
Existen diferentes posibilidades de mejora vegetal mediante la utilización de la ingeniería genética. En el caso de los vegetales con genes antisentido, el gen insertado produce un mARN que es complementario del mRNA del enzima cuya síntesis se quiere inhibir. Al hibridarse ambos, mRNA del enzima no produce su síntesis. En el caso de los tomates "Flavr -Savr" en enzima cuya síntesis se inhibe es la poligalacturonasa, responsable del ablandamiento y senescencia del fruto maduro. Al no ser activo, este proceso es muy lento, y los tomates pueden recogerse ya maduros y comercializarse directamente. Los tomates normales se recogen verdes y se maduran artificialmente antes de su venta con etileno, por lo que su aroma y sabor son inferiores a los madurados de forma natural. En este caso, el alimento no contiene ninguna proteína nueva. La misma técnica se ha utilizado para conseguir una soja con un aceite con alto contenido en ácido oleico (80 % o más, frente al 24% de la soja normal), inhibiendo la síntesis del enzima oleato desaturasa.
La inclusión de genes vegetales, animales o bacterianos da lugar a la síntesis de proteínas específicas. La soja resistente al herbicida glifosato, conocida con el nombre de "Roundup Ready" y producida por la empresa Monsanto contiene un gen bacteriano que codifica el enzima 5-enolpiruvil-shikimato-3-fosfato sintetasa. Este enzima participa en la síntesis de los aminoácidos aromáticos, y el propio del vegetal es inhibido por el glifosato; de ahí su acción herbicida. El bacteriano no es inhibido.
El maíz resistente al ataque de insectos contienen un gen que codifica una proteína del Bacillus thuringiensis, que tiene acción insecticida al ser capaz de unirse a receptores específicos en el tubo digestivo de determinados insectos, interfiriendo con su proceso de alimentación y causando su muerte. La toxina no tienen ningün efecto sobre las personas ni sobre otros animales. La utilización de plantas con genes de resistencia a insectos y herbicidas permite reducir la utilización de plaguicidas y conseguir un mayor rendimiento. También se ha obtenido una colza con un aceite de elevado contenido en ácido laürico, mediante la inserción del gen que codifica una tioesterasa de cierta especie de laurel. Los vegetales resistentes a virus se consiguen haciendo que síntetizen una proteína vírica que interfiere con la propagación normal del agente infecioso. Estos vegetales contienen proteína vírica, pero menos de la que contienen los normales cuando están severamente infectados.
Los vegetales transgénicos más importantes para la industria alimentaria son, por el momento, la soja resistente al herbicida glifosato y el maíz resistente al taladro, un insecto. Aunque se utilice en algunos casos la harina], la utilización fundamental del maíz en relación con la alimentación humana es la obtención del almidón, y a partir de este de glucosa y de fructosa. La soja está destinada a la producción de aceite, lecitina y proteína.
Puesto que la harina de maíz, la proteína de soja y los productos elaborados con ellas contienen DNA y proteínas diferentes a la de las otras variedades de maíz, en la Unión Europea (no en los Estados Unidos) existe la obligación de mencionar su presencia en el etiquetado de los alimentos. Aunque no se ha detectado ningün caso, sería concebible la existencia de personas alérgicas a las nuevas proteínas. No obstante, en el caso de la proteína de B. thuringiensis, su amplio uso como plaguicida en agricultura ecológica permite asegurar su falta de alergenicidad.
El aceite de soja transgénica y la glucosa y la fructosa obtenidas del almidón de maíz transgénico no contienen ningün material distintinto a los que contienen cuando se obtienen a partir de los vegetales convencionales. En la mayoría de los casos, ni siquiera las técnicas de PCR, que como se sabe tienen una sensibilidad extrema, son capaces de detectar material genético extraño, por lo que no existe ninguna obligación de etiquetado diferencial.
En el caso de los alimentos completos, o de partes que incluyan la proteína extraña, como podría ser la proteína de soja o la harina de maíz, hay que considerar el riesgo de la aparición de alergias a la nueva proteína. Este es el caso de la soja a la que se le había introducido el gen de una proteína de la nuez del brasil para aumentar el contenido de aminoácidos azufrados de sus proteínas y por ende su valor nutricional. La nueva proteína resulto ser alergénica, y esta soja no ha llegado a salir al mercado (47). Sin embargo, esto es absotutamente excepcional, y no existe ninguna evidencia de que las proteínas introducidas por medio de la ingeniería genética sean más alergénicas que las naturales.
En el caso de la utilización de materiales procesados exentos de proteínas, como el aceite de soja o la glucosa obtenida a partir del almidón del maíz, no existe ningün material que no se encuentre en el producto convencional, y consecuentemente no existe ningün riesgo, ni siquiera hipotético, atribuible a la manipulación genética. Incluso en los casos en que existe alergia a una proteína de la semilla oleaginosa (convencional o transgénica), un aceite procesado no produce respuesta.
En cuanto a la "mezcla de especies", el triticale, un híbrido de trigo y centeno, lleva décadas prosperando en terrenos de mala calidad (ütiles para centeno, pero no para trigo), pero con algunas buenas propiedades del trigo, lo que lo hace mucho más valioso para alimentación humana.
Sin embargo, la ingeniería genética permite ahora llevar a cabo, en pocos años y de forma controlada, lo que antes podía costar décadas o siglos, o conseguir efectos que sólo estaban en los sueños de los agricultores, pero que eran imposibles con las viejas técnicas de cruce y selección.
La ingeniería genética se utilizó inicialmente (por su alto coste) para producir sustancias de usos farmacéutico, como la insulina, modificando genéticamente microrganismos. Con los posteriores desarrollos, se obtuvieron también enzimas para uso industrial, como la quimosina recombinante, utilizada, al igual que la obtenida de estómagos de terneros jóvenes (su fuente original, el "cuajo"), para elaborar el queso.
Posteriormente se han obtenido vegetales (y animales) modificados genéticamente para mejorar sus propiedes.
En este momento solamente se utilizan unos cuantos vegetales modificados genéticamente, que serían los autenticos "alimentos transgénicos" .
En los demás casos, se introducen genes que codifican la síntesis de proteinas especiales. El gen que hace a la soja resistente al glifosato (un enzima que no es afectado por este herbicida) procede de una bacteria comün del suelo. El que codifica la resistencia a insectos se obtiene de una bacteria patógena para los insectos, pero totalmente inocua para los animales superiores.
Ventajas potenciales: El glifosato es un herbicida relativamente poco tóxico y biodegradable, pero no es selectivo, por lo que no puede utilizarse con cultivos de soja "normal". Evita la utilización de herbicidas más agresivos para el medio ambiente, pero más selectivos, en los cultivos de soja.
Ventajas potenciales: Reduce el uso de insecticidas. Solamente afecta a los insectos perjudiciales para la planta concreta.
Casi lo mismo puede decirse del maíz. Sus aplicaciones fundamentales son la obtención de almidón y de glucosa a partir de ese almidón. Ninguno de estos dos productos contiene ADN ni proteinas, ni "normales" ni "transgénicas".
En el caso de la soja, el etiquetado es casi imposible. La soja se manipula a granel, en cantidades enormes, y ya muchas granjas mezclan las distintas variedades nada más cosecharlas. En los silos y barcos de transporte se mezcla todavía más. Además, en el caso de la soja que no se come como tal (casi, casi, casi toda) esto no tiene la menor importancia, ya que como se ha dicho, el aceite que se obtiene no contienen material genetico.
En el caso del maíz transgénico, si se utiliza directamente su harina en la fabricación de alimentos, el etiquetado es obligatorio, ya que es, en cierta forma, diferente del habitual, al contener la proteina de Bt. Si el maíz se utiliza para obtener almidón, con el que luego se fabrica glucosa o fructosa, pretender el etiquetado de estos productos finales es absurdo, ya que son ABSOLUTAMENTE IGUALES, e indistinguibles por cualquier sistema, de los obtenidos del maíz "no transgénico".
Para que una bacteria patógena se volviera resistente a este antibiótico sería necesario:
Area de Tecnología de los Alimentos de la Universidad de Zaragoza
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